Donosti – Madrid, 9 de junio de 2024

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Querida Azul,

No sé dónde he impreso estas fotos. Ni cuándo, ni si las imprimí yo.

Sé que me acompañan.

Tienen colores suaves, humildes, y alegres a la vez. No son colores que se crean algo o alguien que no son.

Veo a dos personas tranquilas en la presencia del otro.

Veo una progresión de 11 segundos de la que ambos se saben partes sin ensayo.

Veo cercanía Mayor sin necesidad de mayor cercanía.

Veo dos cuerpos jóvenes

Comiendo un helado tras haberse bañado en un mar bravo.

Veo pieles tan suaves como el agua mineral. Algo limpio en la existencia.

Veo una risa que no se acuerda de las guerras, la política migratoria o los privilegios.

Veo a dos personas que saben que una al lado de la otra significan algo más.

Veo a dos personas que deberían ser hermanos de por vida.

Los seres humanos construimos significados unos al lado de los otros. Aunque nos empeñemos en hacerlo a base de argumentos premeditados.

Veo a dos personas comprendiendo una acepción más de la humanidad. Y de la suya propia.

Veo a dos personas en una frecuencia a años luz de la que suena en un debate sobre la «crisis migratoria» en el bar o en Bruselas. ¿Dónde está el mar en el bar o en Bruselas?

La sonrisa captada es risa y me inunda el lagrimal. Está tan viva como el súbito sentido que me congela para derretirme discretamente, recuerdo la tinta en mi piel. El sentido me lleva para traerme —la verdad de un hogar en la vida.

Veo moratones y dos cuerpos sanos.

Veo la sencillez.

Veo un collar que acepta la condena y la belleza. Veo puntitos que deben de conectarse a través de un hilo transparente pero existente para hacer otro colgante.

Una pulsera encadenada y holgadamente firme, de hierro, plata luminosa, y una pulsera que sé de cuerda y capacidad de ida y venida, tonalidad elegante y recordatorio foráneo, que bien podría ser una goma de pelo a primera vista o en la próxima vez.

Veo un cuerpo en la resistencia de la existencia, entre la resignación, el silencio y la pulsión, y otro cuerpo en el baile del perdón, el aperitivo, el clamor y el honor.

Veo el sol aunque mire la sombra.

Veo manchas de helado en la cara.

Veo piedras y no arena  veo vida planeta tierra firme y limpieza

veo vida, Azul.

Pienso lo que sea y después, siempre, que merece una sonrisa del alma. Las llevo en el alma.

También en las entrañas, la mochila y la vida. Por eso se confunden

rasguños

y estrías.

Me pregunto qué habrá comido hoy Amin.

Con cariño,

Jass

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