12 de agosto de 2024, Madrid-azua.

By

Querida Jass,

Tengo en bucle en mi cabeza aquella noche de agosto.

A veces se difuminan los límites del tiempo y este se muestra en su infinitud. Por un momento, el pasado perdido sabe a futuro, y el presente se siente como un cambio dimensional.

Si me encontrara con mi pequeña yo y me viera, quizá se enfadaría por haber dejado tantas cosas atrás, pero también me entendería.

Escucho Mal educado de Anthony Santos y me traslado a aquella cocina en la que la bailábamos. Le extraño, le tengo dentro, pero no me puedo permitir dejarle entrar más. Así que lucho por mantenerme lo más estable posible, sin picos de euforia, aunque mi vida se desborde de amor.

Nacemos para amar, pero a veces el miedo nos lleva a olvidarlo. No quiero olvidarlo nunca, no quiero caer en la trampa. Prefiero llorar su ausencia a no haberlo sentido jamás, porque al menos, por un momento, vivir tenía sentido.

Quisiera encontrar las palabras justas para hacerle comprender, en su lenguaje de amor, lo que fue para mí. Quisiera que sintiera que me tiene para apoyarse y defenderse; que quiero ser sustento y escudo, cura y lugar de reposo, esperanza y fuerza. Que nunca se sienta solo porque bendigo su existencia, y hace bendita la mía por haber coincidido conmigo en esta vida.

Ojalá siempre haya espacio para imposibles, que sigamos hablando con los ojos y abrazándonos el alma.

Mi querida Jazmín, esa noche fue una bombona de oxígeno para poder después sumergirme a explorar las profundidades del mar que llevo dentro, tan lleno de luces y sombras.

Duele la parte de amar que es renunciar al otro para que sea libre y amarlo enteramente. Duele porque una querría poder quererlo con los cinco sentidos, pero a veces solo queda el recuerdo que se va durmiendo hasta que pasa algo que lo despierta y lo trae de vuelta con la misma intensidad de siempre.

Las circunstancias

Las circunstancias son lo que nos pesa, lo sé. No sé si me enfadan más las circunstancias o nuestra incapacidad de habernos sobrepuesto a ellas, aunque nos hayamos sobrepuesto, porque el amor sigue intacto y nosotros, cada uno con su vida.

No me quiero imaginar que no volveré a ver esos ojos, pero, por otra parte, lo tengo casi asumido. He tenido que despedirme tantas veces como si fuera la última, que cada vez que vuelve es como renacer.

Renacer para seguir sola con su espíritu.

Me siento agradecida con lo inesperado.

Me inquieta la posibilidad de no volver a sentir algo así.

Las vidas que se quedan sin cerrar y también sin ser.

Qué hubiese sido de nosotros si nos hubiésemos dejado ser.

Qué hubiésemos sido tú y yo.

Deja un comentario