Diciembre 2024, Eminönü.

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(Ateşe düştüm)

Querida Jass,

Tengo la sensación de que estoy exactamente donde debería estar: aquí.
Estoy paseando por la casa de los sultanes y miro de frente al hogar de mi alma.
Qué sentimiento de pertenencia a una tierra extranjera, tan extraño.
Vuelvo a recorrer las mismas calles buscando mi fantasma, el recuerdo de una inocencia.
Es difícil ver ponerse el sol en el Cuerno de Oro y no llorar.

Pierre Loti y yo deberíamos habernos conocido. Ojalá algún día sea yo también como él, amiga de los turcos.
“El escritor francés Pierre Loti no solo navegó por el agua como capitán de la Marina Francesa, también surcó la inmensidad del desierto, al ritmo infinito que marcan las arenas.”

Agua y tierra.
Estás siempre presente.
Me aturden a veces las conexiones impredecibles y en apariencia predestinadas que unen todo lo que amo en esta vida.

Giran los derviches, me sonríen los músicos.
Mi cara les es ya familiar; son parte de mi fugaz rutina.
Bebo té tinto, la taza se queda roja y no puedo dejar de sonreír.
Hay una mano apoyada en mi rodilla y una boca entre susurros me empieza a traducir las letras de la música que suena.

Quisiera quedarme a vivir en ese instante, poder guardármelo para siempre dentro de mi cabeza y revivirlo cuando me abrumen las velocidades interminables de mi ciudad.
En parte, me alivia no ser de aquí. Tener otra casa a la que volver, poder vivir sin trabajar doce horas.
Me incomoda el agotamiento de los ojos que me miran, pero también me duele tener que decir adiós.

Mientras tanto, sueño con el hasta pronto, con poder volver y que todo lo que es siga siendo.
Seguir entendiendo el alma de unos ojos que hablan mi mismo idioma.
Seguir soñando con el reencuentro mientras nos pasa la vida, sin saber si nos volveremos a ver.
(Dön desem)

Dicen que Estambul es un sitio al que uno va a perderse, pero yo allí siempre me encuentro.
Creo que nunca me he terminado de ir, y me asusta un día querer y no poder volver a lo que conozco, pero pasará, lo sé. Nada dura para siempre.

Empiezan a dolerme las despedidas; me dicen que vuelva pronto.
Ojalá pudiera quedarme un ratito más. Vivir otro poquito esta vida a la que renuncio por obligación, de momento.
Espero que, cuando llegue el momento de volver, los cuerpos a los que abracé y los ojos a los que miré no hayan vuelto a ir a la guerra, que no tengan más heridas de bala, que hayan descansado un poquito más y que comamos mantı todos juntos mientras nos hablamos en un mix de idiomas y abrimos vino español.

Seni özledim, Yakında görüşürüz.
Ojalá algún día puedas conocerlo todo conmigo.

Un abrazo,
Azul.

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