Querida Azul,
Mis amigas charlan, corre la brisa, una mesa, cuatro sillas, cuatro amigas, camisones, pies descalzos, café, la vita lenta, el sol de la mañana, algunas flores, paredes blancas, suelo aladrillado suave; el suelo comienza a guardar el cariño del sol. También yo charlo. Las dejo charlando, las escucho, siento la brisa y los rayos de sol, no me muevo apenas y miro mis pies bajo la mesa. Te escribo:
Querida Azul, Miro mis pies bajo la mesa. El dedo gordo del pie izquierdo se inclina hacia su compañero. ¿Será el comienzo de un viaje a Juanete?
Con el talón del pie derecho fuerzo al dedo a enderezarse. Mis amigas charlan.
Ayer les dije jo, amigas, este verano me he visto varices. No, no, no de las que duelen. Sí, tengo suerte, no me quejo. Pero, digo, me he visto varices. Amalia: ya <3, bueno, hace diez años nos salieron estrías, pos ahora varices. Entre río y sonrío. Sí, ya nos hicimos a ellas. Ya nos haremos a éstas. Suelto el dedo gordo, que se vaya con sus amiguitos.
Mis amigas charlan. Voy a volver a la taza de café. Una terraza con sol, brisa, amigas y ninguna prisa es mano de santo. Cruzo la pierna y me detengo en el pequeño lunar de mi rodilla izquierda: se ha deformado: ¡tiene forma de corazón! Tengo un pequeño lunar con forma de corazón. ¿Lo ves, Amalia? Amalia: ¡Sí: es como el que dibujan los niños!
Deja un comentario