Querida Azul,
Fueron compañeros de pasillos. Y era el único al que no le había dicho nada. Y me lo he topado. Cómo es… Cómo es la vida.
Ay, Azul, cómo es la vida. Hoy te he visto y estabas tan bien. Qué emoción volver a reír tranquilas. Tu sonrisa esa tan llena de vida y los ojos iluminados con lo que sea porque lo es tanto. La habíamos perdido de vista pero ha aparecido en Estambul. Con razón nos hicimos amigas allá cuando decías ser turca. Qué bonita.
Y va y me lo he topado.
Fueron compañeros de pasillos. Como no soy como tal miembro del gremio, yo no saludaba más que un poco. Pero un poco varios días vas saludando.
El caso es que ya un día los vimos. Y uno a uno, algo les dije. Y a él no. Porque tras verlos me lo topé únicamente un día a las ocho menos diez. A diez minutos de su función. Mira, no voy a ir yo a diez minutos de la función a molestarle con mi opinión. Pero clà. Es un actor. Pobres actores, ¿tú sabes cuánta gente no dice nada a los actores tras haberlos visto actuar? Nada. Mucha. Creo que es universal. Qué fea incapacidad. Bueno, pero, quuée le voy escribir yo pa felicitar cual plast. Pues… ahí quedó. Y, Azul, en la obra yo pensaba: es como si tuviera un piano, un violín, una pistola y un traje dentro de él. Todo eso. El tormento y la belleza en juego, pose, música y silencio.
Hace frío mucho frío. Es diciembre. Qué rico huele el frío. Ya casi llego a casa.
(Por eso huele rico… No te jode.)
La calle se ve a lo largo, no es temprano. Viene un chico de frente en la misma acera, es alto y va de oscuro, capucha, manda un audio. Con mi miopía, está cerca cuando me doy cuenta de que es él. El único al que no. No estoy segura de que vaya a reconocerme pero es que ¡redención! así que ya estoy sonriéndole, y él está quitándose la capucha o algo —yo qué sé en realidad es ayer— y parando el audio que estaba grabando, pero nos estamos cruzando, casi pasando de largo pero «nos conocemos, ¿no?» —pobres, deben de tener una confusión de peña a la que les han presentado y peña que los conoce a ellos pero no al revés… A ver qué digo, arranco con un «bueno…» y él, «¡claro! De la otra obra». Sonrío y asiento. Que estáis en últimos días. Sí, de hecho, de ahí vengo. Claro. De tirón le digo que no le dije nada. Él que ya, que pensó que no me habría gustado y ya. Jo… y yo no… no… es que sólo te vi a menos diez un día y no molestar y de hecho, pensé que era como si tuvieras dentro un… y sólo me salieron el piano, el violín y la pistola, y no recordaba la cuarta, pero como hacía un mes que la vi supongo que es bien que te lo digan aún sin la cuarta, y casualmente era un día en el que salía con sensación de personaje vacío, así que, bien, creo. No sé, siento justicia poética. Exculpada ante la luna.
Y es muy, muy amable. Habla suave. Hablamos de las geografías y de lo siguiente —los posibles, el quién sabe y la vida.
Off you go. Que tengáis muy buenos últimos días. Gracias. Que vaya bien.
Cómo es la vida. Y el frío cuando, por ser un ratito, huele rico.
Llego a casa, caliento agua mientras me pongo el pijama y después le hecho limón y miel. La garganta está de menuda semana. Pero pequeña tenue luz. Y la quietud.
Si Jord no me hubiera sacado a bailar ese último tango con dos jerséis, botas y largo abrigo blanco ya puestos, no me lo hubiera topado.
La vida tiene pequeñas cosas infinitamente bonitas.
Deja un comentario