Volviendo de Cañada con Ulises y contigo.
Cuando te vas de los sitios, buf… Pero cuando te vas de los sitios y sabes que no vuelves, .
Me acuerdo de Ghana.
Nunca todavía leí el libro naranja y amarillo. Voy a leerlo. Y leer más a Chimamanda. Más allá. Más allá del todos deberíamos. Más allá siempre está mi madre. Nunca sé cómo ha llegado. De repente me da la mano y la alcanzo y ella está en otro sitio, pero me escucha siempre de cerca.
Me subí a la barca visualizando la vuelta y con el alma hundida en la conciencia del saber que nunca volvería. Lloraba como si no hubiera un mañana. Sólo al subir a la barca. Y dar la espalda.
Santi sabía. Cerca. Pero en su sitio.
Ulises sabía. Que ya no estaba aquí. O que no iba a estarlo. Ésa era la duda. Nos bebimos algo como si sí. Creo que hablamos francamente. Pero distantemente. Consecuente o prevenidamente. Cuánto más fácil la franqueza cuando no se está. Cuánto más difícil cuando es el último cartucho. Y no hay aciertos sin franqueza de tú a tú. Eso pasó.
Irte es a veces la culpa en movimiento. La culpa de llevar contigo un lugar al que poder volver. Y elegir volver.
De corazón,
Jass
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